viernes, 30 de noviembre de 2007

En un bosquecillo

Una pareja se dirige a caballo hacia Yamashima. Se encuentran con Tajomaru que al ver a la mujer decide apresarla pero intenta no matar al marido.
Para ello les tiende una trampa y les dice que, si lo siguen, les enseñará su tesoro.
El hombre, lleno de avaricia, lo sigue.
Tajomaru los guía hasta un bosquecillo en la montaña.
El hombre y Tajomaru se adentran en el bosque dejando atrás a la mujer. Una vez dentro, Tajomaru ata al hombre al pie de un cedro y le mete hojas en la boca para que no grite y pida socorro.
Vuelve al lugar donde habían dejado a la mujer y, diciéndole que su marido está enfermo, la guía hacia donde se encuentra el hombre.
Una vez delante del marido, Tajomaru viola a la mujer. El hombre no puede hacer nada por evitarlo, pues sigue atado. Cuando acaba, Tajomaru se va dejandolos a los dos con vida, pero la mujer, por vergüenza, le dice que si mata a su marido se podrá casar con ella. Tajomaru acepta y, desatando al hombre, se bate en duelo con él.
Mientras se baten, la mujer se escapa, dejándolos solos. Tajomaru vence al marido y, al ver que la mujer ha desaparecido, decide irse y dejar el cuerpo tirado pero antes le roba la espada, el arco y las flechas. Después se va dejando el cuerpo del hombre para que, más tarde, lo encuentre un leñador y decida avisar a la policía.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Historia hecha tomando otra de referencia

HISTORIA DE REFERENCIA:

Me subí al coche, mientras mi padre cerraba el maletero. No me lo podía creer, iba a ir a un concierto de mi grupo favorito. Apenas tardamos una hora en llegar, durante el trayecto mi padre me advirtió de que tuviera cuidado. Me bajé del coche y fui corriendo a la cola, donde se encontraban mis amigas. Habían dormido allí esa noche y estábamos de primeras en la fila. Me senté a su lado y apoyé mi espalda en un escaparate, dónde se podía ver la cafetería. Pasamos la mañana jugando a las cartas y escuchando música. A la hora de la comida, mi padre nos trajo unos bocadillos.Cuando se acercaba la hora del concierto, nos levantamos para prepararnos s entrar. Todas gritábamos el nombre de nuestro grupo. De repente oí un ruido a mis espaldas, y me giré. La vidriera de la cafetería, se rompía en mil pedazos.


MI HISTORIA:

Acabé de arreglarme y me subí al coche que me llevaría al concierto de Tokio Hotel. No me lo podía creer. Después de tanto tiempo esperando, por fin los iba a conocer.
Al llegar a la cola descubrí que mis amigas: Tamara,Sarah y Alma, estaban ya de primeras. Habían pasado allí la noche para poder coger un buen sitio. Me acerqué a ellas y nos pusimos a hablar. Pasamos toda la tarde jugando a las cartas y hablando sobre el grupo y sobre el concierto que se avecinaba. Detrás de nosotras había una cafetería donde estábamos apolladas. Llegó la hora de entrar. No nos podíamos creer que fueramos a conocer a Bill, el cantante. Un ruído a nuestras espaldas nos sobresaltó. Nos dimos la vuelta y vimos como el escaparate de la cafetería donde habíamos estado apoyadas dos minutos antes, se rompia en mil pedazos sobre nosotras.

La estatua

Esta historia comienza en un pequeño pueblo llamado Halle.
Tomás, un campesino pobre, cae borracho sobre la mesa de su cocina. Lo que más le gustaba hacer desde que su mujer, Mita, había muerto un año antes era, era emborracharse.
Su mujer había muerto a causa de una gripe muy fuerte que el año anterior se había extendido por su pueblo. Al morir, Tomás le había construido una estatua de oro con todo lo que tenían ahorrado, aunque no era mucho.
La estatua era igual que su mujer fallecida y Tomás no se cansaba de mirarla.
Esa misma noche, Tomás tuvo una visión. Un hada se le apareció en su sueño y le dijo que, desde esa noche, sus sueños se harían realidad. Al despertar, Tomás pensaba que ese sueño lo había provocado el alcohol y no le dio importancia.
Estuvo todo el día trabajando pero al llegar a su casa por la noche, vio a su mujer fallecida sentada en la cama.
Tomás no se lo podía creer. Pero no era un sueño, ella era real.
Tomás se preguntó como era posible que Mita estuviera ahí si estaba muerta.
Ella le contestó que, como se había gastado todos sus ahorros en construir la escultura, las hadas habían decidido concederle un deseo y, como su mayor deseo era que su mujer reviviera, lo hicieron realidad.
Pero había una condición. Su mujer solo podía revivir de noche.
Desde ese día, Tomás pasa las noches con su mujer y durante el día ella se convierte de nuevo en estatua de oro.

Historia con final abierto

-¡No!, ¡No te voy a llevar!
El grito de la madre resonó por toda la cocina. La hija le había preguntado si podía ir a un concierto que Tokio Hotel, su grupo favorito, daba en Lyón, Francia.
-No voy a ir yo sola con dos adolescentes a un concierto y en un país que no conozco-continuó la madre sin levantar la vista de lo que estaba haciendo.
-Pero…¿Y si te acompañase un adulto?
La niña no se iba a rendir tan rápidamente pues quería y tenía que ir a ese concierto y su amiga también. Pero sus respectivos padres no les dejaban.
La hija pensó enseguida en su tío Genaro, que le había dicho hace poco que tenía ganas de ir a un concierto. Sí, seguro que su tío las llevaría.
Al día siguiente, las dos amigas fueron a dar un paseo y se encontraron por la calle con Genaro. Las dos le pidieron que las acompañara pero él no podía porque ese día trabajaba pero les dijo que llamaría a sus madres para convencerlas.
Esa misma noche las llamó.
Estuvieron más de media hora hablando por el teléfono para intentar convencer a la madre pero ella seguía empeñada en no ir. Todo fue inútil. No podrían ir al concierto de Tokio Hotel. Nadie más podía acompañarlas, o al menos no se les ocurría nadie.
Pero el cumpleaños de la niña se acercaba, las entradas eran fáciles de conseguir en la reventa y, lo más importante, no pasaba nada porque su tío faltara un par de días al trabajo…

viernes, 23 de noviembre de 2007

Relato largo

Esta historia ocurrió una tarde de verano de hace ya diez años. Estábamos en el parque con mi abuela. Mi hermana me tiraba de la manga de la camisa para que la acompañara a los columpios.
Yo le propuse echar una carrera y ella aceptó. Enseguida empezó a correr. Como vio que yo no la adelantaba miró para atrás, buscándome con la mirada. Yo vi que tenía una farola justo enfrente. Grité para prevenirla pero ya era demasiado tarde y mi hermana se dio de bruces con la farola.
Enseguida llegó mi abuela y la cogió en brazos.
Nos llevó al hospital más cercano y allí le dieron unos cuantos puntos en la frente a mi hermana y le pusieron un esparadrapo que casa abultaba más que ella.
Cuando nos pasó a todos el susto, empezamos a meternos con ella preguntándole por qué no se había apartado la dichosa farola de su camino.
Aún hoy en día nos metemos con ella a causa de la farola…

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Relato corto

Estábamos en el parque. Queríamos llegar a los columpios y echamos a correr. Mi hermana miró hacia atrás buscándome con la mirada.
Yo grité:
-Patricia, ¡¡cuidado!!
Pero ya era tarde. Se dio con toda la cara en una farola.
Tuvimos que llevarla al hospital y allí le dieron puntos. No pasó nada, todo fue un susto.

El Porquerizo

La princesa había sido expulsada del castillo junto con el porquerizo. Esta era la noticia que corría de boca en boca.
Todos se preguntaban como sobreviviría la hija del emperador fuera de su castillo. Tenían el consuelo de que, por lo menos, no estaba sola.
Lo que no sabían era que el porquerizo la había dejado sola para irse a su castillo, después de haberle dicho que era un príncipe.
La princesa se lamentaba por haberle dado 100 besos al que ella creía que era un porquerizo, solo por conseguir uno de los regalos que el príncipe-porquerizo había construido. Cuando le estaba dando los 100 besos el emperador la había visto. Antes de eso le había dado 10 besos mientras sus doncellas les tapaban, para conseguir un puchero con cascabeles. El príncipe había hecho todo esto porque cuando había ido al castillo a pedirle la mano a la princesa y le había llevado regalos, ella lo había rechazado, liberó al pajarillo, uno de los regalos, y dijo que la rosa era artificial, por lo que el príncipe se había disfrazado de porquerizo y había entrado a vivir en el castillo. Ahí había empezado todo.