Hollín estaba en la plaza, jugando con el fuego como era su costumbre, cuando apareció la mujer más cotilla del pueblo, que vivía dos casas más abajo que Hollín. Hacía tiempo que la mujer le quería echar una buena bronca a Hollín y ahora no iba a perder la oportunidad de echarle una reprimenda.
-¡Oye, tú, niño!- dijo la señora- ¡Ven aquí!
-¿Qué desea, señora?- preguntó Hollín, sorprendido- ¿Desea que le haga algún truco con el fuego?, ¿O prefiere que le lleve la bolsa de la compra?- añadió al ver la bolsa que la señora llevaba en la mano.
-No, no es eso. Quiero que me expliques porqué no estas en el colegio.
-Porque el colegio no me gusta- respondió el chiquillo más sorprendido aún.
-Pero aunque no te guste tienes que ir, o acabarás convertido en un tragafuegos de poca monta.
-¿Y qué hay de malo en eso? Es mi vida, no la suya, y yo decido en ella.
-¿Quieres que hable con tu madre y le diga que haces en lugar de ir al colegio?
-No.
-Pues vete ahora mismo a clase o se o diré a tu madre. ¿Entendido?
Hollín miró a la señora con profundo odio. La mujer lo miró a él a su vez y repitió la pregunta:
-¿Tienes cera en los oídos o que?, ¿Quieres que se lo diga a tu madre?- Hollín negó con la cabeza.- Pues vete ahora mismo a clase. Y que no vuelva a verte por aquí en horario escolar o, créeme que tu madre se enterará de lo que haces para suspender todo.
-Sí…señora.
-Y abandona a ese bicho salvaje que tienes como mascota.
-Esta bien- contestó Hollín apretando los puños.
La señora le dirigió una falsa sonrisa y, a continuación, se dio media vuelta para irse, dejando a Hollín allí plantado con su adorado hurón encaramado a su hombro.
miércoles, 23 de abril de 2008
lunes, 14 de abril de 2008
Descripción de un personaje
Hollín era un niño de lo más normal o, al menos, a primera vista lo parecía.
No era ni alto, ni bajo; ni gordo, ni delgado. Tenía el pelo negro como el hollín, de ahí su mote, pues Hollín no era su nombre verdadero aunque como si lo fuera porque nadie, ni su madre, se acordaba de cómo se llamaba aquel chiquillo en realidad.
Sus ojos también eran negros y su piel muy oscura.
Vivía con su madre en un pequeño pueblo donde todos se conocían entre ellos, su padre había muerto cuando Hollín contaba con tan solo cuatro años.
Su casa estaba bastante vieja y sucia porque ni Hollín ni su madre tenían tiempo y dinero para arreglarla.
Su hobbie favorito era jugar con el fuego. Jugaba con él sin quemarse, pasándolo entre sus manos, su cuerpo y su boca…
Sus notas no eran muy buenas porque nunca iba al colegio, siempre faltaba para irse a la plaza del pueblo a jugar con el fuego. La gente que pasaba se le quedaba mirando e, incluso, el ocasiones le lanzaban algunas monedas que Hollín recogía rápidamente. Con ellas, se compraba caramelos y chicles pues era muy goloso y era un vicio que no se podía permitir muy a menudo por la delicada situación económica de su madre.
A veces salía a hurtadillas de su casa por la noche y se iba a un bosque cercano a su casa. Lo único que hacía allí era tumbarse entre dos árboles, mirar las estrellas y pensar, sobre todo pensar.
La noche era su momento más feliz del día, más incluso que cuando jugaba con el fuego.
Hacía varios años, en una de sus salidas nocturnas, había encontrado un hurón hembra y desde aquel momento lo había adoptado como mascota. No le costaba mucho mantenerlo pues el hurón sabía cazar y buscarse su propia comida.
No era ni alto, ni bajo; ni gordo, ni delgado. Tenía el pelo negro como el hollín, de ahí su mote, pues Hollín no era su nombre verdadero aunque como si lo fuera porque nadie, ni su madre, se acordaba de cómo se llamaba aquel chiquillo en realidad.
Sus ojos también eran negros y su piel muy oscura.
Vivía con su madre en un pequeño pueblo donde todos se conocían entre ellos, su padre había muerto cuando Hollín contaba con tan solo cuatro años.
Su casa estaba bastante vieja y sucia porque ni Hollín ni su madre tenían tiempo y dinero para arreglarla.
Su hobbie favorito era jugar con el fuego. Jugaba con él sin quemarse, pasándolo entre sus manos, su cuerpo y su boca…
Sus notas no eran muy buenas porque nunca iba al colegio, siempre faltaba para irse a la plaza del pueblo a jugar con el fuego. La gente que pasaba se le quedaba mirando e, incluso, el ocasiones le lanzaban algunas monedas que Hollín recogía rápidamente. Con ellas, se compraba caramelos y chicles pues era muy goloso y era un vicio que no se podía permitir muy a menudo por la delicada situación económica de su madre.
A veces salía a hurtadillas de su casa por la noche y se iba a un bosque cercano a su casa. Lo único que hacía allí era tumbarse entre dos árboles, mirar las estrellas y pensar, sobre todo pensar.
La noche era su momento más feliz del día, más incluso que cuando jugaba con el fuego.
Hacía varios años, en una de sus salidas nocturnas, había encontrado un hurón hembra y desde aquel momento lo había adoptado como mascota. No le costaba mucho mantenerlo pues el hurón sabía cazar y buscarse su propia comida.
miércoles, 2 de abril de 2008
Si mis párpados labios fueran (Si pudiera besar con la mirada)
Miré hacia mi derecha y lo vi ahí sentado, con la mirada perdida.
Se dio cuenta y miró hacia mi, sonriendo, pero enseguida se puso a charlar con su hermana.
Yo no podía apartar mi mirada de sus ojos y de sus labios y quise que mi mirada fuese como una boca que los besase suavemente. Debí de conseguirlo y él lo notó porque giró la cabeza hacia mí, y en sus ojos se notaba su sorpresa.
Sentí que me besaban y, al instante, supe que él también podía besar con la mirada y me acababa de devolver aquellos besos.
Se dio cuenta y miró hacia mi, sonriendo, pero enseguida se puso a charlar con su hermana.
Yo no podía apartar mi mirada de sus ojos y de sus labios y quise que mi mirada fuese como una boca que los besase suavemente. Debí de conseguirlo y él lo notó porque giró la cabeza hacia mí, y en sus ojos se notaba su sorpresa.
Sentí que me besaban y, al instante, supe que él también podía besar con la mirada y me acababa de devolver aquellos besos.
La ortografía
Creo que la ortografía que tenemos debería cambiarse para que no fuera tan compleja y no se cometieran tantas faltas al escribir.
Por ejemplo, si la “b” o la “v”, una de las dos se suprimiera, la gente, cometería menos faltas y el significado de lo que se está diciendo, en el caso de palabras como “vaca”, “baca” o “tubo”, “tuvo”, se entendería mediante el significado del resto de la frase, sin la necesidad de ponerlo con “b” o con “v”.
Más de lo mismo respecto a la “c”, “z”, “q” y “k”, pues no entiendo la necesidad de poner “ce”, “ci” y no poder poner “ze”, “zi” o “que”, “qui” y no poder poner “ce”, “ci” o “ke”, “ki”.
Con la “h”, lo mismo, vale que entiendo que se use en palabras como Hitler, donde es sonora pero como en la mayoría de las palabras es muda, no entiendo la necesidad de ponerla.
Así podría estar horas poniendo letras que se podrían suprimir o cambiar por otras.
También es verdad que, aparte de estas ventajas, para muchos, para otros pocos sería un inconveniente ya que ahora estas normas ortográficas las conoce muchísima gente.
Por otra parte, para muchos estudiantes es un verdadero rollo (en el caso de Galicia) estudiar gallego con unas normas ortográficas y español o castellano con otras pues así también se cometen muchas faltas al confundir palabras de una lengua a otra.
Por ejemplo, si la “b” o la “v”, una de las dos se suprimiera, la gente, cometería menos faltas y el significado de lo que se está diciendo, en el caso de palabras como “vaca”, “baca” o “tubo”, “tuvo”, se entendería mediante el significado del resto de la frase, sin la necesidad de ponerlo con “b” o con “v”.
Más de lo mismo respecto a la “c”, “z”, “q” y “k”, pues no entiendo la necesidad de poner “ce”, “ci” y no poder poner “ze”, “zi” o “que”, “qui” y no poder poner “ce”, “ci” o “ke”, “ki”.
Con la “h”, lo mismo, vale que entiendo que se use en palabras como Hitler, donde es sonora pero como en la mayoría de las palabras es muda, no entiendo la necesidad de ponerla.
Así podría estar horas poniendo letras que se podrían suprimir o cambiar por otras.
También es verdad que, aparte de estas ventajas, para muchos, para otros pocos sería un inconveniente ya que ahora estas normas ortográficas las conoce muchísima gente.
Por otra parte, para muchos estudiantes es un verdadero rollo (en el caso de Galicia) estudiar gallego con unas normas ortográficas y español o castellano con otras pues así también se cometen muchas faltas al confundir palabras de una lengua a otra.
El mounstruo del Lago Ness
Siempre he pensado que yo era especial, que era diferente. Los animales que hay a mi alrededor son diferentes a mi pero iguales entre ellos. No sé si habrá más de mi especie pero, si los hay, yo nunca los he visto.
Recuerdo que desde que era pequeño ya sentía que yo era distinto.
No sé nada sobre mi, no se lo que soy ni sé si tengo padres pues, como ya he dicho no se si hay más de mi especie.
Lo que sí que sé es que, desde que nací he vivido aquí, en este lugar, rodeado de agua y de algas. A veces salgo a la superficie del agua y veo más animales, que también son diferentes a mi. Cuando me ven empiezan a hacer sonidos muy raros que parecen que les salen de la boca, pero no son la clase de gruñidos que hago yo, pues parece que todos los sonidos son diferentes al anterior. Además gruñen muy alto y a mi me molesta tanto que tengo que meterme de nuevo en el agua.
Un par de veces he visto como quitaban unos objetos muy raros de entre sus extrañas pieles y, poniéndoselo en los ojos, apretaban un extraño botón y, al momento, salía de ese objeto una luz que me cegaba, lo que también hacia que yo volviera a las oscuras profundidades, muy asustado.
Cuando si que puedo salir tranquilamente a la superficie es cuando el cielo se pone oscuro pues es cuando todos esos animales desaparecen, aunque en el agua todo siegue como cuando hay luz.
Con el tiempo he descubierto que el lugar donde vivo, rodeado de agua y algas, es una especie de lago pues hay en zonas donde no puedo avanzar más allá, como haría si estuviera en mar abierto.
Los extraños animales con los que convivo en el lago me han puesto una especie de nombre para poder llamarme de alguna manera cuando hablen entre ellos.
Ese nombre que me han puesto es: Ness.
Recuerdo que desde que era pequeño ya sentía que yo era distinto.
No sé nada sobre mi, no se lo que soy ni sé si tengo padres pues, como ya he dicho no se si hay más de mi especie.
Lo que sí que sé es que, desde que nací he vivido aquí, en este lugar, rodeado de agua y de algas. A veces salgo a la superficie del agua y veo más animales, que también son diferentes a mi. Cuando me ven empiezan a hacer sonidos muy raros que parecen que les salen de la boca, pero no son la clase de gruñidos que hago yo, pues parece que todos los sonidos son diferentes al anterior. Además gruñen muy alto y a mi me molesta tanto que tengo que meterme de nuevo en el agua.
Un par de veces he visto como quitaban unos objetos muy raros de entre sus extrañas pieles y, poniéndoselo en los ojos, apretaban un extraño botón y, al momento, salía de ese objeto una luz que me cegaba, lo que también hacia que yo volviera a las oscuras profundidades, muy asustado.
Cuando si que puedo salir tranquilamente a la superficie es cuando el cielo se pone oscuro pues es cuando todos esos animales desaparecen, aunque en el agua todo siegue como cuando hay luz.
Con el tiempo he descubierto que el lugar donde vivo, rodeado de agua y algas, es una especie de lago pues hay en zonas donde no puedo avanzar más allá, como haría si estuviera en mar abierto.
Los extraños animales con los que convivo en el lago me han puesto una especie de nombre para poder llamarme de alguna manera cuando hablen entre ellos.
Ese nombre que me han puesto es: Ness.
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