lunes, 14 de abril de 2008

Descripción de un personaje

Hollín era un niño de lo más normal o, al menos, a primera vista lo parecía.
No era ni alto, ni bajo; ni gordo, ni delgado. Tenía el pelo negro como el hollín, de ahí su mote, pues Hollín no era su nombre verdadero aunque como si lo fuera porque nadie, ni su madre, se acordaba de cómo se llamaba aquel chiquillo en realidad.
Sus ojos también eran negros y su piel muy oscura.
Vivía con su madre en un pequeño pueblo donde todos se conocían entre ellos, su padre había muerto cuando Hollín contaba con tan solo cuatro años.
Su casa estaba bastante vieja y sucia porque ni Hollín ni su madre tenían tiempo y dinero para arreglarla.
Su hobbie favorito era jugar con el fuego. Jugaba con él sin quemarse, pasándolo entre sus manos, su cuerpo y su boca…
Sus notas no eran muy buenas porque nunca iba al colegio, siempre faltaba para irse a la plaza del pueblo a jugar con el fuego. La gente que pasaba se le quedaba mirando e, incluso, el ocasiones le lanzaban algunas monedas que Hollín recogía rápidamente. Con ellas, se compraba caramelos y chicles pues era muy goloso y era un vicio que no se podía permitir muy a menudo por la delicada situación económica de su madre.
A veces salía a hurtadillas de su casa por la noche y se iba a un bosque cercano a su casa. Lo único que hacía allí era tumbarse entre dos árboles, mirar las estrellas y pensar, sobre todo pensar.
La noche era su momento más feliz del día, más incluso que cuando jugaba con el fuego.
Hacía varios años, en una de sus salidas nocturnas, había encontrado un hurón hembra y desde aquel momento lo había adoptado como mascota. No le costaba mucho mantenerlo pues el hurón sabía cazar y buscarse su propia comida.

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