Miré hacia mi derecha y lo vi ahí sentado, con la mirada perdida.
Se dio cuenta y miró hacia mi, sonriendo, pero enseguida se puso a charlar con su hermana.
Yo no podía apartar mi mirada de sus ojos y de sus labios y quise que mi mirada fuese como una boca que los besase suavemente. Debí de conseguirlo y él lo notó porque giró la cabeza hacia mí, y en sus ojos se notaba su sorpresa.
Sentí que me besaban y, al instante, supe que él también podía besar con la mirada y me acababa de devolver aquellos besos.
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