La princesa había sido expulsada del castillo junto con el porquerizo. Esta era la noticia que corría de boca en boca.
Todos se preguntaban como sobreviviría la hija del emperador fuera de su castillo. Tenían el consuelo de que, por lo menos, no estaba sola.
Lo que no sabían era que el porquerizo la había dejado sola para irse a su castillo, después de haberle dicho que era un príncipe.
La princesa se lamentaba por haberle dado 100 besos al que ella creía que era un porquerizo, solo por conseguir uno de los regalos que el príncipe-porquerizo había construido. Cuando le estaba dando los 100 besos el emperador la había visto. Antes de eso le había dado 10 besos mientras sus doncellas les tapaban, para conseguir un puchero con cascabeles. El príncipe había hecho todo esto porque cuando había ido al castillo a pedirle la mano a la princesa y le había llevado regalos, ella lo había rechazado, liberó al pajarillo, uno de los regalos, y dijo que la rosa era artificial, por lo que el príncipe se había disfrazado de porquerizo y había entrado a vivir en el castillo. Ahí había empezado todo.
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2 comentarios:
Un buen ejercicio de cuento hacia atrás.
Me gusta el principio: me preocupa, como a todos, qué será de la princesa y, como he seguido leyendo, no tengo el consuelo de no saber que el príncipe la ha dejado sola.
Ya sé que era caprichosa pero...
Muy bien.
¡Hola!
Me gusta mucho, como escribiste esta historia hacia atrás.
Besos.
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